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Universidad Nacional Arturo Jauretche | Instituto de Ciencias Sociales y Administración | Licenciatura en Trabajo Social

Si sufrís violencia de género llamá al 144.

Palabras claves: Feminismos – Ni una menos – Femicidio.

Introducción

La madrugada del 10 de mayo del 2015 desapareció Chiara Paez, una joven de tan solo 14 años, luego de salir con un grupo de amigas, a las que les comentó que se iba a encontrar con su pareja. Ese mismo día su familia realiza la denuncia y tardan aproximadamente 16 horas en hallar su cuerpo sin vida en la casa de su ex pareja, Manuel Mansilla. Este caso marcó un antes y después en la provincia de Santa Fe, debido a que más de 300 personas participaron del rastrillaje tras la denuncia, y fue la primera vez que en la provincia se implementó un protocolo de búsqueda.

Luego de la aparición del cuerpo sin vida de Chiara, se realizó la autopsia donde se constató que se encontraba cursando un embarazo de 8 semanas y que fue asesinada a golpes. Mansilla fue condenado a 21 años y 6 meses de prisión, condena máxima para un menor de edad. Debido a que tenía 16 años cuando cometió el crimen (Viglianco, 2020).

A partir de la aparición sin vida de Chiara, en la ciudad de Buenos Aires un grupo de periodistas, militantes, artistas y comunicadoras empiezan a impulsar el colectivo Ni una Menos a través de las redes sociales, que se hará visible en la primera movilización masiva del cono sur, el 3 de junio del 2015, cuando más de medio millón de mujeres, en todo el país salen a la calle a pedir más políticas de cuidado y para la prevención de la violencia por motivos de género. La consigna Ni una menos surge de la unión “Ni un pibe menos”, lema histórico contra la violencia institucional, y la frase “Ni una mujer menos, ni una muerta más”, expresada en 1995 por la poeta mexicana Susana Chávez, una de las primeras activistas en luchar contra los femicidios en Ciudad Juárez (Palmeiro, 2019).

El movimiento de mujeres que se crea a través del “Ni una Menos, que cada 3 de junio sale a las calles, es considerado como una “marea feminista”. Es decir, un movimiento masivo de cuerpos como expresión de la fuerza del deseo, sacudiendo el lenguaje político tradicional  y sus formas de representación (Palmeiro, 2019). 

Por lo expuesto en esta introducción, los objetivos de mi articulo son los siguientes:

  • Analizar el fenómeno del Ni una Menos” desde una perspectiva feminista y descolonial.
  • Esquematizar la importancia de la agenda de las violencias para el feminismo.
  • Contribuir a una aproximación de los sentires de las actoras involucradas en el Ni una Menos”.

¿Cómo empieza la historia del feminismo en Argentina?

Para contextualizar las luchas históricas de los feminismos en Argentina, recupero las diferentes olas que distintes autores han utilizado para ordenar los diferentes momentos atravesados. No obstante, si bien reconozco que se trata de una visión hegemónica de los procesos feministas, creada desde una mirada occidentalista; me resulta útil como referencia para la reconstrucción histórica que realizare de manera acotada, procurando en este recorrido recuperar autores latinoamericanos que aportan y complejizan la experiencia de nuestro territorio.

En primer lugar identifico la primera ola del feminismo. Siguiendo los aportes de Luna (2001), se destaca que se constituyó en una reacción frente al rechazo de los derechos de ciudadanía civiles y políticos de las mujeres. La situación de los varones, en cambio, era distinta ya que los sistemas liberales sí se los atribuyeron. Los movimientos que fueron parte de este primer momento del feminismo, en América Latina, tomaron visibilidad en los años 30, 40 y 50. Asimismo, las sufragistas reclamaban el derecho a la educación debido a que un argumento corriente era que la ignorancia era característica de las mujeres y por ello el voto era negado, o bien que el voto femenino iba a favorecer a los conservadores, ya que a las mujeres se las asociaba con los consejos de los curas (Luna, 2001).

Este se puede considerar como el primer discurso feminista crítico pero restringido a luchas relacionadas con los derechos ciudadanos. Sin embargo, esto fue importante ya que permitió el primer paso para la constitución de las mujeres como sujetos políticos (Luna, 2001). 

En Argentina, como en el resto del mundo, en esta primera ola se luchaba por el derecho civil de las mujeres entre el que se encontraba principalmente el sufragio. Es así que Dora Barrancos (2010) en su libro “Mujeres en la sociedad Argentina. Una historia de cinco siglos” afirma que en 1901 se escribió la primera tesis del feminismo, que abogaba por los derechos civiles y ponía en agenda un mayor reconocimiento a las mujeres. En 1920 se crea el Partido Feminista Nacional, impulsado por Julieta Lanteri, que propuso toda clase de reivindicaciones entre la que se encontraba el voto femenino. A su vez, en este año se modifica el código civil, relegando la inferioridad civil de las mujeres (Barrancos, 2010).

Finalmente, el sufragio femenino en Argentina se sancionó en septiembre de 1947, durante el gobierno de Juan Domingo Perón, consagrado en la Ley 13.010. El 11 de noviembre de 1951 las mujeres accedieron por primera vez a una elección nacional (Ministerio de Cultura, 2021). 

En relación a los movimientos feministas de la segunda ola, se destaca que se configuran en una época crítica, ya que fue en la década de los 70´, en contextos dictatoriales. Un lema característico de dichos movimientos fue “democracia en el país y en la casa (Luna, 2001: 41). Esto fue un avance con respecto a la primera ola ya que también se identificó al ámbito privado como un área de subordinación de género (Luna,2001). 

Con la vuelta a la democracia, surgieron nuevas luchas como ser los derechos reproductivos, la maternidad elegida, la participación política plena de las mujeres, pero a su vez también se puso en cuestión la división sexual del trabajo y la violencia que perciben las mujeres independientemente de la clase, raza y edad (Luna, 2001). 

En Latinoamérica, la segunda ola repercutió en la configuración del feminismo local como sujeto político, esto fue incentivado también por los Encuentros Feministas continentales que incorporaron mujeres de clase, raza y países diferentes (Luna, 2001). 

En los años 80, siguiendo a Trebisacce Marchand (2020), se procede a una reorganización de la geopolítica, momento en el que transcurre la tercera ola del feminismo, llevando a nuevos regímenes de gubernamentalidad. En este momento, surge el marco interpretativo del derecho como una oportunidad post contextos dictatoriales, y como una estrategia de acción política. Es allí que aparece la categoría de violencia con un valor negativo y repudiable, que permitió reclamar reparaciones y derechos (Trebisacce Marchand, 2020). 

En este periodo, también, se logra la institucionalización de la agenda feminista, quienes tomando las estrategias de los movimientos de Derechos Humanos, logran interpelar al Estado ante demandas que tiempo atrás eran imposibles de ser tramitadas (Trebisacce Marchand, 2020). En este contexto, en Argentina, el 24 y 25 de mayo de 1986, se realizó el Primer Encuentro Nacional de Mujeres, en la Ciudad de Buenos Aires, impulsado por un grupo de mujeres que habían participado de la III Conferencia Mundial de Nairobi. El eje central de este primer encuentro fue la situación de la mujer en la Argentina y los agentes de cambio (Gabarra, 1995). Del primer encuentro participaron 1000 mujeres de la mayoría de las provincias argentinas mientras que del último encuentro de mujeres, realizado en el año 2023 en la ciudad de Bariloche, se reunieron aproximadamente 150.000 mujeres de todo el país (Télam, 10 de octubre del 2023).

Otro hito importante para la agenda de los feminismos en Argentina, es la Ley 26.485 de “Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”, sancionada en el año 2009 y que define a la violencia como:

Toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física,  psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes. (Ley 26.485, art.4).

Por último, se identifica la cuarta ola de los feminismos “caracterizada por la masividad, la repercusión mediática y en redes sociales, y por la centralidad que en ella han tomado las denuncias por violencia sexual y/o de género (Trebisacce Marchand, 2020: 119). En este momento cobra relevancia el fenómeno de Ni una Menos que me propuse analizar en el presente trabajo, ya que forma parte de las protestas a las que nuestro presente está asistiendo que permiten crear una red transfronteriza y que cada vez más aumenta su alcance social. Argentina fue uno de los primeros países, en 2015,  en salir a la calle con el lema Ni una Menos”, abarcando los medios de comunicación y manifestándose en múltiples espacios. Esta protesta adquirió un carácter exitoso ya que posibilitó problematizar los sentidos comunes tradicionales y androcéntricos e incentivó la propagación de proyectos de militancia feminista. Si bien, la Ley 26.485 ya ha sido sancionada hace unos años, una vez más estamos los movimientos feministas denunciando incansablemente las múltiples violencias ejercidas a las mujeres (Trebisacce Marchand, 2020). 

Para situar su aporte en números, sólo en 2009 –  año de sanción de la Ley 26.485 – hubo 231 femicidios, es decir uno cada 36 horas (La casa del Encuentro, 31 de diciembre del 2009). Para el 2015, la cifra se mantendría en 235 femicidios. Es por eso que el movimiento Ni una Menos tiene un gran impacto para la sociedad  (Infobae,  28 de junio de 2016). 

La agenda de las violencias

Para comprender la agenda de las violencias de hoy es imprescindible entender al movimiento feminista con un despliegue en múltiples campos discursivos de actuación, con un carácter amplio, heterogéneo, descentralizado, lo cual lo separa de los patrones clásicos de los movimientos sociales. Es precisamente esta diversidad aquello que permite complejizar el debate, interpelar los acuerdos y problematizar las condiciones de representación (Alvarez, 1998, citado en Barrig, 1998). 

El término violencia, apareció por primera vez en las agendas feministas en los años 80´, para dar cuenta de los diversos padecimientos que atravesaban las mujeres  (Trebisacce Marchand, 2020). Es así que, en el año 1981, en el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, se suma el 25 de noviembre como la fecha para denunciar  las violencias contra las mujeres. Esta fecha es elegida porque en la misma se recuerda el asesinato de las hermanas Mirabal en República Dominicana (Trebisacce Marchand, 2020).

En nuestro país, las encargadas de poner en agenda feminista la problemática de la violencias, fue el grupo ATEM, que en 1982 organizó su primera jornada feminista que versó en torno a la familia, abordada como un ámbito de potencial violencia para las mujeres” (Trebisacce Marchand, 2020: 128). En 1983 se creá el Tribunal de Violencia contra la mujer, en donde aparece por primera vez el término “feminicidio” y “las violencias son descriptas allí como todo tipo de vejaciones que sufren las mujeres y que habitualmente son consideradas “hechos privados”” (Trebisacce Marchand, 2020: 129).

La agenda de las violencias demostraba que no se trataba solamente de la violencia física o los femicidios sino también de la multiplicidad de la cosificación, las violencias psicológicas y laborales como la explotación laboral o la invisibilización del trabajo doméstico (Trebisacce Marchand, 2020).

En 1994 se aprobó la Ley contra la Violencia Familiar N° 24.417, que entre sus aportes incorpora las medidas cautelares para mujeres y niños que se encontraban atravesando situaciones de violencia (Trebisacce Marchand, 2020). Y como mencionamos anteriormente, en el año 2009 se sanciona la Ley 26.485.

La protesta y marea social que implica el “Ni una Menos” se inscribe, como pudimos ver en el apartado anterior, en la historia del feminismo, pero principalmente en la actualidad en la agenda de las violencias dando cuenta de una problemática puntual: la cantidad de femicidios que ocurren diariamente en Argentina (Irribarren Martínez, Machado Terreno, Manzotti y Pérez, 2018). Dato que denota peligro, miedo, impotencia y la urgencia de generar intervenciones sobre ella. En este punto, Bosch y Ferrer (2000), citados en  Firpo, Ramírez y Basso (2020), consideran que una de las conceptualizaciones más certeras de problema social es la que brindan Thomas Sullivan y Cols, quienes refieren a que un problema social solo existe cuando un grupo de personas se vuelve consciente de una condición social que atraviesa sus valores, y que puede ser abordada a través de una acción colectiva.

Esta protesta social, dirán les autores Irribarren Martínez, Machado Terreno, Manzotti y Pérez (2018), trasciende los límites de la marcha del 3 de junio de 2015, y se configura asumiendo una representación simbólica que llega a otros planos. Esto se puede observar en una:

 (…) cristalización de la demanda en términos institucionales y judiciales, como lo representa la incorporación de la forma penal de homicidio calificado por femicidio y la amplia incorporación del uso del término femicidio por la opinión pública y los medios de comunicación. (Irribarren Martínez, Machado Terreno, Manzotti y Pérez, 2018: 8).

Otro aspecto a destacar es que esta movilización se explaya de manera interseccional, entendiendo que la violencia por motivos de género es transversal a otras dimensiones sociales: mujeres pobres, de clases medias y altas, mujeres negras, blancas y mestizas (Irribarren Martínez, Machado Terreno, Manzotti y Pérez, 2018). De esta manera, pone en agenda una problemática que no atraviesa a un sujeto universal, sino que posee un carácter complejo ya que hace que todas las mujeres compartamos esta generalización. No obstante, si bien reconocemos que todas las mujeres padecemos opresiones de género en las sociedades capitalistas, éstas asumen diversas formas (Arruzza, Bhattacharya, y Fraser, 2019).

Por último, una gran herramienta a mencionar del “Ni una Menos son las redes sociales, ya que a través del uso del hashtag #NiunaMenos por varios grupos de mujeres activistas, periodistas, militantes y artistas, se ejerce una mayor presión sobre la sociedad entera, para repensar no solo los femicidios que ponen en riesgo nuestra vida diariamente, sino también los pequeños actos que se encuentran naturalizados y tan implícitos en nuestra vida cotidiana que pasan desapercibidos. 

Reflexiones finales: sentires que rondan en el Ni una Menos

Desde la protesta en la calle se observa cómo una consigna que visibiliza la problemática de la violencia de género y los femicidios, aglutina diversos grupos, personas, activistas atravesades por distintos factores en torno a una demanda particular. De este modo, la toma del espacio público resulta clave para pensar el poder de la acción colectiva, la cual se constituye como una actividad masiva y plural (Irribarren Martínez, Machado Terreno, Manzotti y Pérez, 2018).. 

Tomando a la autora Adriana Guzmán Arroyo (2019), el feminismo trata de hacer un tejido comunitario, con las manos, las memorias, “la materialidad histórica de nuestros cuerpos, nuestras condiciones concretas, haciendo de la creatividad un instrumento de construcción y de lucha (Guzmán Arroyo, 2019: 53) y agrega Movimiento que teje ideas y cuerpos, un transitar, caminar juntas y juntos, ser responsables con la vida en liberación y en libertad, encontrarse, desencontrarse e inventar, todo eso y más es el tejido, el movimiento de la comunidad” (Guzmán Arroyo, 2019: 54).

Varios saberes que nos traen los feminismos campesinos y populares son dignos de destacar por su imprescindible valor que deviene de su experiencia en los territorios. Ellos pugnan desde el sur por una propuesta alternativa, que pueda recuperar su historia de lucha y resistencia a nivel global (Pena, 2021). Apuntan a implementar, dirá la autora:

(…) otros y nuevos deseos, cuerpos, subjetividades (individuales y colectivas) y modos de producir y habitar el mundo que no solo sobreviven, sino que, en un contexto de incertidumbres, emergencia sanitaria, economías en crisis y pandemia, dan vida a la creación de solidaridades, a diferentes vínculos entre lo humano y lo no humano, y a sentidos emancipatorios. (Pena, 2021: 72). 

Vínculos que fortalecen, que unen, que contienen, y que impulsan a seguir adelante. Vínculos que elegimos, redes en las que creemos y militamos. Fuerza colectiva que la hegemonía intenta tapar. Como sostiene Suárez Tomé (2019), citado en Firpo, I. M; Ramírez, M. C.; y Basso L. S. (2020), muchas mujeres, niñas, adolescentes encontraron en el feminismo un espacio contenedor, de representación y orgullo. Fruto de la masificación que adquirieron las consignas feministas, y la creciente exposición pública de mujeres feministas en diversos lugares, la sociedad de nuestro territorio comenzó a interpretar mejor la igualdad de género y por qué es necesario luchar por ella. Esto permite generar avances en las demandas que los feminismos históricamente vienen reivindicando y generar un impacto significativo. 

Finalmente, quiero cerrar asegurando que el Ni una Menos”, dejó en visto el enorme placer que producen los afectos y los cuerpos en las calles. Porque, como dice Palmeiro (2019), la revolución feminista es una cuestión de deseo, de fuerza y energía, y está en marcha y asegura que en el contexto de una crisis de escala global que pone en riesgo la propia continuidad de la vida en el planeta, “nosotras nos organizamos para cambiarlo todo”, incluyendo nuestra relación de dominio patriarcal para con la madre Tierra(Palmeiro, 2019:194) Y como dijo Lohana Berkins, “El tiempo de nuestra revolución es ahora (Banegas, 5 de febrero del 2022).

 

AUTORA: Agustina Aylén González

 

¿Cómo citar? Gonzalez, Agustina . (2024). 

Ni una Menos: El camino de una larga lucha (2023-2024). En: Revista Pueblo N°18/Año VII /Noviembre 2024/UNAJ 

[https://pueblo.unaj.edu.ar/]

 

Bibliografía

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Normativas

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