Palabras clave: conurbano bonaerense, prácticas pre-profesionales, trabajo social.
Introducción
El presente artículo parte del trabajo de la coordinación de las prácticas pre profesionales de la carrera de Trabajo Social de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), ubicada en Florencio Varela, Provincia de Buenos Aires, zona sur del conurbano bonaerense, “región caracterizada por concentrar un gran porcentaje de población con altas tasas de necesidades básicas insatisfechas” (Arias y otros, 2015:1).
En un primer momento, se realiza una breve presentación de la UNAJ y de la carrera de Trabajo Social. Luego, se profundiza en la propuesta de prácticas pre-profesionales, que se enmarca en una estrategia pedagógica donde los referentes de práctica, que reciben a los estudiantes en sus espacios de trabajo una vez a la semana durante cuatro horas, cuentan con una doble identidad: como trabajadores en sus espacios de trabajo y además, como docentes rentados de la Universidad, lo que permite un acompañamiento a las trayectorias desde la singularidad de cada de estudiante y brinda responsabilidades concretas a los referentes/docentes de práctica comprometidas con el proceso de enseñanza y aprendizaje (Camilioni y otros, 2007).
En segundo lugar, se desarrollan los “Voluntariados de la Carrera de Trabajo Social” que se articulan con proyectos de la Secretaría de Política y Territorio de la UNAJ. De este modo, la carrera Trabajo Social, oferta dos espacios que responden al conocimiento de las necesidades y demandas del territorio, contribuyendo con la misión de la UNAJ desarrollada en Plan Estratégico Institucional que presenta una universidad “atenta a las demandas sociales y al desarrollo de la región, a la calidad de vida y a los valores democráticos”. Es así que se cuenta con las prácticas preprofesionales como parte del plan de estudios con cursada obligatoria y con voluntariados, que no son obligatorios, pero nutren al estudiantado de experiencias comunitarias valiosas para su trayectoria académica.
En tercer lugar, expone los emergentes actuales, vinculados a la dificultad de los estudiantes para conciliar tareas de cuidado, inclusión en el mercado laboral (formal e informal) con la formación académica y la participación en las prácticas pre-profesionales que presenta una demanda mayor que el resto de las asignaturas, en términos de dedicación, al tratarse de una materia anual. En este marco, otro punto a problematizar que no es desarrollado con profundidad en este trabajo tiene que ver con la pulverización del salario docente y el desfinanciamiento a las universidades públicas que viene desarrollando la gestión del actual gobierno.
En cuarto y último lugar, se presentan las reflexiones finales donde se realiza un esfuerzo por esbozar estrategias de intervención posibles, que permitan fortalecer la formación de las y los estudiantes (capaces de realizar análisis críticos del contexto, las instituciones, las relaciones de poder, las lógicas instituidas a los fines de poder diseñar lógicas instituyentes, entre otras) y al mismo tiempo acompañen las trayectorias, a los fines de favorecer la retención de estudiantes en la universidad, desde una perspectiva inclusiva y de derechos. Lo expuesto se desarrolla teniendo presente que los estudiantes que son primera generación en educación superior cuentan con desventajas fuertes y variadas: una preparación académica más baja, mayores dudas sobre sí mismos, y un menor conocimiento de la vida universitaria (Ezcurra, 2011). También se reflexiona sobre la necesidad de llevar adelante prácticas pre-profesionales que no solo preparen a los estudiantes para la vida laboral sino que también formen para el análisis crítico de la realidad en la que estamos inscriptos, siendo conscientes que educar no es transferir conocimiento sino crear las posibilidades de su producción o construcción ( Freire, 2010).
Presentación de la UNAJ y la carrera de Trabajo Social
Siguiendo los aportes de Colabella y Vargas (2014) sostenemos que en el año 2011, en un contexto de consolidación de un modelo económico de crecimiento, orientado a la producción industrial sustitutiva, se profundizó una política de articulación entre el sector productivo y la educación superior, a través de la creación de nuevas universidades localizadas en distintos municipios del conurbano bonaerense y la ciudad de Buenos Aires. Una de estas universidades es la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), que cuenta con el propósito de “trabajar en la integración, inclusión y promoción social de los sectores populares a los que, por su emplazamiento geográfico en el municipio de Florencio Varela , pretende atender” (Memoria Fundacional UNAJ, 2013:7).
Según Colabella y Vargas (2014), “los principales destinatarios de esta política educativa de inclusión social son los “vecinos” del área de influencia de dichas universidades” (p, 4) . Esta población estudiantil , que conforma los sectores populares y se caracteriza por encontrarse en especial situación de vulnerabilidad en términos económicos y sociales, suele constituirse en la primera generación de estudiantes universitarios en la historia de sus familias (Trzenko, 2020).
A partir de la Resolución N° 31/14, en el 2014, se crea la carrera de Trabajo Social en el Instituto de Ciencias Sociales y Administración (ICSyA) de la UNAJ. Según lo expresado en dicho documento la elección de la misma tiene que ver con la existencia de un área de vacancia regional en el sur del conurbano bonaerense, “así como una alta demanda de profesionales que se vinculen e integren a equipos interdisciplinarios que implementan políticas públicas de salud, educación y acción comunitaria, todos ellos de larga tradición local y regional”(RES 31/14:2).
Asimismo, dicha resolución expresa que los objetivos de la carrera tienen que ver con:
- Dotar el estudiante de herramientas que les permitan implementar la metodología de la planificación para la elaboración y evaluación de planes, programas y proyectos de acción social.
- Formar profesionales que cuenten con herramientas para intervenir en la construcción de lo público estatal, aportando a todos los trayectos de la política social.
- Potenciar el desarrollo de la capacidad para proponer, promover y acompañar procesos de transformación en el campo social partiendo desde las necesidades, demandas, intereses y reivindicaciones de distintos vectores de la sociedad.
- Formar profesionales con conciencia del rol que cumplen cada una de las organizaciones e instituciones, incluida la misma Universidad , en la sociedad civil y como actores activos que se interrelacionan en la gestión de políticas públicas. (RES 31/14, Anexo único:3-4)
Partiendo de lo expuesto, en el año 2015 comienzan a dictarse las clases y actualmente se cuenta con un aproximado de 200 egresados/as. Sin duda alguna, las marcas identitarias de la carrera son la centralidad de las “prácticas pre-profesionales” y las distintas experiencias de vinculación territorial abordadas desde los “voluntariados de la carrera de Trabajo Social”, además de la defensa pública de las tesinas de grado, eje que si bien no es desarrollado en el presente trabajo, merece ser nombrado y puesto y valor.
Las prácticas pre-profesionales
Las prácticas pre-profesionales constituyen uno de los dispositivos pedagógicos de las asignaturas de Trabajo Social e implican una cursada anual de realización obligatoria durante los últimos tres años de la carrera. Se trata de una propuesta pedagógica que se presenta de forma articulada, respetando la continuidad, alternancia de contenidos y su carácter progresivo en las propuestas de enseñanza.
En este marco, las prácticas pre profesionales en Trabajo Social, tal como expresa Cruz (2013):
(…)conforman una sub-unidad organizativa pedagógica, que se caracteriza por tener una finalidad específica vinculada a propiciar aprendizajes operativo instrumentales para el desempeño de la profesión. También ofrecen la posibilidad de: tomar contacto directo con los posibles escenarios socio-ocupacionales; aproximarse a los instrumentos, procedimientos y condiciones de trabajo; y apropiarse de la trama simbólica de interacciones de la vida profesional. De este modo se construye un sentido iniciático, propio de las situaciones de formación entendidas como instancias transicionales, donde el estudiante representa y se representa el lugar que desempeñará como Trabajador Social. Esta concepción da cuenta de la dimensión praxeológica constitutivamente política del conocimiento profesional, que se conforma principalmente en contextos donde se ejerce la práctica de formación en este caso, que en su relación inescindible con la teoría, la interpreta, desafía e interroga. (p,69)
En la carrera de Trabajo Social de la UNAJ, los “centros de práctica” están ubicados en los municipios de Florencio Varela, Quilmes y Berazategui. Asimismo, implican la participación en escuelas, centros de salud, servicios sociales, áreas de género de municipios, organizaciones comunitarias, programas de promoción de derechos, entre otros. Lo expuesto se relaciona de manera directa con “la idiosincrasia institucional” de UNAJ, que ya en su propuesta de creación, y luego en estatuto y misión plantea tener en cuenta las demandas sociales y el desarrollo regional y se define como objetivos “lograr un compromiso más activo de la institución universitaria con su territorio” (CONEAU, 2018: 21).
Los/as docentes de prácticas
Cada centro de prácticas cuenta con un docente rentado por la UNAJ. Es decir, los referentes y profesionales de los centros de práctica son también docentes de la Carrera de Trabajo Social. Esto implica que no solo cuentan con responsabilidades ligadas a la experiencia territorial sino que también son parte del proceso enseñanza y aprendizaje (Camilioni y otros, 2007). Es decir, participan de la revisión crítica de los contenidos, la problematización de lo que acontece en la institución, la corrección de los distintos trabajos y el diseño de diferentes actividades extra curriculares como son las “Jornadas de Trabajo Social”. En la misma línea, los/as docentes de práctica son quienes planifican de manera semanal las actividades, siguiendo el programa de cada materia (nivel de práctica) y son parte de reuniones de equipo donde se busca problematizar, afianzar, redireccionar los contenidos propuestos de acuerdo a los climas de época, así como trabajar sobre los criterios de evaluación, que en contextos de adversidad como el presente, deben ser revisados en virtud de las estrategias de inclusión. Asimismo, en oportunidades, son los/as directores/as de los trabajos integradores finales que los estudiantes realizan para obtener el título de licenciatura.
En este marco, se destaca que como estrategia pedagógica de inclusión se promueve un vínculo cercano y personalizado entre los docentes de práctica y su grupo estudiantes, que es de un número reducido de no más de 10 estudiantes por docente, que comparten cada semana cuatro horas de la jornada laboral. La conformación de grupalidad entre los estudiantes es una dimensión fundamental ya que las prácticas pretenden el desarrollo de actividades colaborativas y aprendizajes colectivos. Esta dimensión, es trabajada a lo largo del año ya que se relaciona con el desarrollo de capacidades para el trabajo en equipo que los/as estudiantes tendrán que desempeñar en su ejercicio profesional .
En relación al perfil de los/as docentes de práctica, si bien se prioriza que sean profesionales del Trabajo Social, en concordancia con lo expresado por Monteiro y otros (2013), se consideran excepciones:
…siempre y cuando esta carencia fuera compensada por otras dimensiones asociadas al aprendizaje práctico como por ejemplo la participación en un proyecto de interés social o innovador en el que el alumnado se encuentre acompañado por profesionales de disciplinas afines y donde tenga la oportunidad de realizar actividades propias del Trabajo Social. (p, 6)
Por otra parte, cada nivel de prácticas cuenta con un coordinador/a, profesional del Trabajo Social, que sirve de nexo entre los docentes y la institución, los acompaña en su tarea, supervisa las prácticas, realiza seguimiento a los convenios institucionales, refuerza contenidos teórico-metodológicos, entre otras tareas. El equipo de coordinación de prácticas, a su vez, coordina encuentros colectivos mensuales donde se facilitan las reflexiones teórico-prácticas, revisitando contenidos esenciales para la intervención del Trabajo Social. Estos espacios impactan de modo positivo en los niveles de práctica y al mismo tiempo se constituyen en actualizaciones para los docentes.
Los Voluntariados
Para empezar, destaca que “las actividades extracurriculares ofrecidas por la UNAJ se identifican como espacios de sociabilidad que estimulan la construcción de pertenencia con la institución y fortalecen su permanencia” (Trzenko, 2020: 76). Considerando esta variable y el identificar necesidades en las instituciones donde se realizan las prácticas pre-profesionales vinculadas al desarrollo de actividades de promoción de derechos, en el año 2022 se da inicio los “Voluntariados de la Carrera de Trabajo Social”. También es necesario tener presente, por un lado, que se parte de un escenario en el cual los estudiantes atravesaron dos años de prácticas mediadas por la virtualidad debido al contexto de pandemia y por el otro, que se cuenta con el antecedente del “Voluntariado Vicente Ierace”1 desarrollado por el Instituto de Ciencias de la Salud (Pozzio y Silberman, 2022). Asimismo, siguiendo los aportes de Arias (2008) se destaca que cuando la articulación del voluntariado universitario con la formación es correctamente gestionada:
Se convierte en los campus universitarios en un instrumento educativo y formativo que complementa la formación que los estudiantes reciben en las aulas y que no estaba contemplada de esta manera hasta este momento. Así, los años de estudios universitarios se convierten también para los jóvenes en años de aprendizaje social, durante los cuales se fomenta la actuación del universitario en la transformación de la sociedad. (p,24)
En la misma línea, los objetivos de los Voluntariados de la Carrera de Trabajo Social conllevan el fortalecer las redes, formar al estudiantado en problemáticas sociales específicas (pero no fragmentadas), implicar a los estudiantes en procesos comunitarios y colectivos de transformación social, entre otros. De este modo, los “voluntariados” son dispositivos pedagógicos (práxis) consistentes en procesos de intervención acotados en el tiempo (por objetivos) en vinculación y cogestión con organizaciones sociales y gubernamentales del territorio.
El desarrollo de los mismos parte de abordar los siguientes interrogantes: ¿Cómo ofrecer actividades de voluntariado que encuentren su andamiaje en los contenidos trabajados en las materias y no reproduzcan las lógicas asociadas al voluntarismo, la caridad y la filantropía, de las cuales el Trabajo Social hace décadas busca tomar distancia? ¿Cómo confluir dichas actividades con la misión de una universidad “atenta a las demandas sociales y al desarrollo de la región, a la calidad de vida y a los valores democráticos”, tal como se presenta en el Plan Estratégico de la UNAJ? ¿Cómo acreditar las acciones voluntarias en la trayectoria académica de cada estudiante? ¿Cómo involucrar al cuerpo docente en las propuestas e incentivar el desarrollo de nuevas líneas de trabajo territorial?¿Cómo promover acciones que colaboren con la construcción de comunidad/abordaje colectivo de las problemáticas sociales?
Teniendo presente lo expuesto es que la carrera de Trabajo Social lleva adelante voluntariados en ejes de trabajo que implican áreas de inserción profesional: educación, salud, hábitat, géneros, economía social y solidaria e inclusión social.
Cada voluntariado cuenta con una dinámica propia que la imprime la institución o área en el que se encuentra inserto. La frecuencia de las actividades involucra una o dos veces a la semana en un tiempo de duración que no supera las tres horas por encuentro. La duración máxima de cada voluntariado es de un periodo de 3 meses.
Los grupos de voluntarios cuentan con un referente institucional, que tiene trayectoria en la institución y es el responsable de organizar las actividades. Asimismo, son acompañados permanentemente por el equipo de coordinación de la Carrera de Trabajo Social.
Antes de comenzar cada voluntario se prevén instancias de formación e inserción territorial a fin de realizar intervenciones fundadas que respeten los encuadres de trabajo. En este marco, se promueve la articulación con las asignaturas que aborden los distintos ejes temáticos. Asimismo, como parte del proceso, se propone la participación en la “Feria de Talleres y Voluntariados” que conlleva la muestra de un producto y permite vislumbrar los conocimientos construidos por los/as estudiantes.
Las actividades llevadas adelante en los voluntariados son diseñadas con la intención de que personas con diferentes niveles de formación puedan desarrollarlas. La mismas implican: campañas de promoción de derechos, realización de censos en domicilio, relevamientos de ferias, dictado de talleres en organizaciones de la sociedad civil, entre otras. Para muchos estudiantes se trata de una oportunidad de conocer distintas áreas de inserción profesional, que permite elegir con mayor conocimiento dónde hacer sus prácticas pre-profesionales.
Es necesario destacar que los voluntariados no exigen la presentación de trabajos y que el docente evalúe el desempeño del estudiante de manera rigurosa, sino que se trata de una propuesta flexible, dinámica y que se ajusta a lo que cada estudiante pueda aportar.
Una vez finalizado el periodo de tres meses de participación, la Carrera de Trabajo Social expide un certificado a modo de reconocimiento al estudiante que participa de los voluntariados. A la fecha no se ha resulto la inquietud por incluir en la trayectoria académica las acciones voluntarias de cada estudiante, quedando las mismas en un reconocimiento simbólico a partir de la certificación.
Por último, se destaca que las distintas propuestas de voluntariado son presentadas en las convocatorias de la “Secretaría de Política y Territorio” de la UNAJ (UNAJ VINCULA- CURRICULARIZACIÓN) , la “Secretaría de Políticas Universitarias” y “Voluntariado Universitario” a los fines de obtener financiamiento para materiales y viáticos de los/as estudiantes.
Emergentes actuales: dificultades para sostener la trayectoria académica
Actualmente, con el avance de las nuevas derechas neoliberales y las políticas de individuación y fragmentación social, se produce un momento histórico signado por el avasallamiento de los derechos de los sectores populares y crecimiento de expresiones de exclusión. Se trata de un nuevo periodo neoliberal, “de retroceso abrupto, profundo y doloroso derechos económicos, sociales y culturales, a tono con la embestida criminal del capital financiero en la región y en el mundo” (Peralta, 2020:139).
En este marco, los/as estudiantes de la Carrera de Trabajo Social UNAJ cuentan con dificultades para sostener su trayectoria académica y aún más su participación en las prácticas pre-profesionales que demandan una dedicación mayor en términos de tiempo y conllevan el trasladarse hacia las instituciones que si bien se encuentran en el territorio cercano a la universidad, muchas veces implican para los estudiantes un gasto mayor en términos de viatico y movilidad. También se subraya que los/as estudiantes de Trabajo Social expresan realizar grandes esfuerzos para sostener la cursada ya que en el último tiempo han tenido que tomar nuevos trabajos para poder sostener sus hogares, quienes son jefes/as de familia, o aportar de manera significativa.
Asimismo, se coincide con Peralta (2020) y se ubica en la actualidad “un crecimiento exponencial de la violencia hacia las mujeres, niños, niñas, a la diversidad de género, hacia los cuerpos de los varones jóvenes en el crimen organizado y las protestas” (p,131). Lo cual, sin duda alguna, repercute en la vida cotidiana de los/as estudiantes en detrimento de su trayectoria académica.
El recorrido de los/as estudiantes que ingresan a la universidad se ve condicionado por una complejidad de factores como lo son: expectativas de los propios estudiantes relacionadas a las carreras que han elegido estudiar, condiciones socioeconómicas, trayectorias educativas previas, situaciones laborales, contextos de procedencia, capitales culturales, condiciones institucionales, prácticas pedagógicas, etc.
El preguntarse acerca de las trayectorias de los estudiantes, posibilita hacer referencia a las diversas formas de atravesar la experiencia educativa que transitan. Es así que se considera que dichas trayectorias no implican para los estudiantes recorridos lineales por la Universidad. Por el contrario, se sostiene que estudiar dicho recorrido implica referirse a los avances, los retrocesos, las elecciones realizadas en los itinerarios emprendidos, en algunos casos los abandonos, entre varias situaciones posibles. De este modo, para estudiar las trayectorias de los/as estudiantes es necesario explicitar que no es posible su análisis independientemente del contexto sociohistórico en las que éstas se desarrollan.
Por otra parte, se sostiene que el principal desafío para los/as docentes es asumir la responsabilidad por los resultados de las trayectorias educativas de los/as estudiantes y procurar un elevado interés por los aspectos pedagógicos, en el contexto de las macropolíticas existentes. Esto implica tener la convicción en que desde la docencia universitaria se puede intervenir en las trayectorias educativas a partir de una diversificación de las estrategias didácticas.
Reflexiones finales
A modo de cierre se destaca que ser docente de prácticas pre-profesionales de la UNAJ implica poner en tensión, a la luz de la teoría, los propios prejuicios. Saber que la intervención es procesual, dependiendo no sólo de tiempos institucionales, sino también y, por qué no, de los tiempos internos de aquellos con los que demandan o con quiénes se construye la intervención. Asimismo, conlleva una predisposición que supera lo exclusivamente pedagógico. Es enseñar compartiendo el espacio de trabajo, es plantear más interrogantes que certezas. En este marco, si bien, la lectura de material teórico es imprescindible, también es necesario como docentes, buscar la apropiación de esos contenidos en la realidad de nuestras intervenciones.
En la misma línea, conlleva entender que los estudiantes son sujetos sociales, históricos, económicos, políticos y que tienen una cotidianidad en la que éstas dimensiones se entrelazan. Entonces, desde las prácticas pre-profesionales se enfrenta el desafío de acompañar este proceso de aprendizaje, develando que además se acompaña a seres contradictorios y en permanente construcción.Por lo cual, resulta fundamental revisar los conceptos y formas de intervención, habilitar “la problematización, la búsqueda de los por qué sin dejarse llevar por lo conocido y la incorporación de otras corrientes teóricas tales como las que devienen de la matriz descolonizadora como de las feministas” (Cazzaniga, 2020:9).
Los Voluntariados de la carrera, que sirven para construir identidad, pertenencia con la institución y conformar grupos de trabajo que fortalecen la permanencia, además de dar respuesta a las necesidades de diferentes instituciones del territorio, actualmente se ven tensionados por un contexto de ajuste a las Universidades Nacionales, que deja prácticamente sin financiamiento a los proyectos de extensión universitaria y hacen que estas propuestas se sostengan por el compromiso ético y político de los docentes.
En cuanto a la demonización de lo público realizado por el gobierno actual, se considera que la Universidad tiene un potencial para generar prácticas y discursos instituyentes en la dirección de reconstrucción del sentido de lo público. Para esto, es necesario encarar un debate profundo, renovador y crítico, reconociendo que la Universidad también cumplió y cumple roles de resistencia y defensa de la Educación Pública. Asimismo, considerando que educación es práctica social y cultural que implica relaciones y representaciones, es necesario habilitar preguntas sobre qué alternativas de sentido se está como institución pública en las prácticas docentes, por ejemplo.
Siguiendo los aportes de Massetti (2021) se destaca que desde las prácticas pre-profesionales y los voluntariados de Trabajo Social, está la posibilidad de:
(…)enraizar esos sentidos que circulan por los pasillos de la UNAJ: solidaridad, compromiso social y fundamentalmente la conciencia de la posición transformadora que cada una y cada uno de éstas, primeras generaciones de estudiantes de la universidad, tendrán en su territorio. En esta nueva etapa que nos desafía es oportuno tener presente nuestro compromiso de “movilizar”, de conmover y de proponer la construcción de un futuro emancipador y colectivo. (p, 2)
Por último y con ánimos de profundizar el debate en otras instancias de discusión, se comparte con Rozas Pagaza (2006) la convicción en que “aún se puede luchar por hacer de la irracionalidad del sistema una forma más racional de saber vivir” (p,13).
1“Vicente Ierace, en cuya memoria el Voluntariado fue nombrado, fue un médico sanitarista de Florencio Varela, militante por la salud pública, varias veces secretario de Salud de ese Municipio, docente de la UNAJ desde sus inicios y una referencia en la región en temas de salud pública ( Pozzio y Silberman, 2022:112)”.
AUTORAS: Viviana Atencio, Adriana Himm, Sofía Mackay
Bibliografía
Arias, M. F., Mihal, I., Lastra, K., & Gorostiaga, J. (2015). El problema de la equidad en las universidades del conurbano bonaerense en Argentina: un análisis de políticas institucionales para favorecer la retención. Revista mexicana de investigación educativa, 20(64), 47-69.
Arias, S. (2008): Voluntariado universitario. Guía para su gestión en las universidades madrileñas. Madrid: Dirección General de Voluntariado y Promoción Social.
Cazzaniga, S. (2020) La intervención profesional de las y los trabajadores sociales. Posiciones y problematizaciones para el debate‖ en González, D. (comp.) Actuaciones profesionales en trabajo social. Paraná: Editorial Fundación La Hendija.
Colabella, L., & Vargas, P. (2014). La Jauretche. Una universidad popular en la
trama del sur del Gran Buenos Aires. Avances y desafíos en políticas públicas
educativas. Buenos Aires, Clacso.
CONEAU (2018) Universidad Nacional Arturo Jauretche. Informe de Evaluación Externa nº 84. CABA. Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria.
De Camilloni, A. R., Cols, E., Basabe, L., & Feeney, S. (2007). El saber didáctico (pp. 23-39). Buenos Aires: Paidós.
Ezcurra, A. M. (2011). Abandono estudiantil en educación superior. Hipótesis y conceptos. Admisión a la universidad y selectividad social. Cuando la democratización es más que un problema de “ingresos, 23-62.
Freire, Paulo. (2010). Pedagogía de la autonomía. Buenos Aires. Buenos Aires. Siglo XXI editores.
Massetti, Astor (2021). Notas sobre la represencialización: reconstruir los lazos, la mística y la alegría. Revista Mestiza UNAJ.
Mosteiro Pascual, A., Beloki Marañón, U., & Sobremonte de Mendicuti, E. (2013). Proceso de selección de los centros de prácticas de trabajo social: instrumento de sistematización y objetivación.
Peralta, M.I (2020). Teoría crítica y trabajo social crítico. Interpelaciones a la intervención y a la formación profesional. En Revista ConCiencia Social. Nº 6, Vol. 3. ISNN 25915339. Mayo de 2020. https://revistas.unc.edu.ar/index.php/ConCienciaSocial/
Pozzio, M., & Silberman, M. (2022). Aprender haciendo durante la pandemia: el caso del voluntariado Vicente Ierace1 de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (Argentina 2020-2021). Revista de Educación, (27.2), 101-114.
Res 31/14. Resolución de creación de la carrera TS UNAJ. Junio 2014.
Rozas Pagaza, M. (2006) ―Condiciones de la legitimidad de la intervención profesional‖ En Cazzaniga, S. (comp.) Intervención profesional: legitimidades en debate”. CABA: Editorial Espacio.
Trzenko, B. (2020). La experiencia estudiantil en la UNAJ: vínculos, saberes y apropiaciones que favorecen la permanencia universitaria.
UNAJ (2013) Una comunidad en movimiento. Memoria Fundacional. Florencio Varela